El modelo de crecimiento hacia adentro y sus etapas

 

 

 

 


 

Modernización, crecimiento y desarrollo 1940-1982

 

Modelo de crecimiento y desarrollo en el México posrevolucionario 1940-1970

 

Teniendo como base la infraestructura económica creada en el régimen cardenista al nacionalizar el petróleo, al crear la Comisión Federal de Electricidad y la nacionalización de los ferrocarriles, a partir de 1940 se inicia en México un acelerado crecimiento económico que se prolongará hasta 1970; en apoyo a lo anterior diremos que el Producto Interno Bruto en dicho período fue del 6.5 % en promedio anual(1). Dicho crecimiento se dará en el contexto de un nuevo modelo de crecimiento económico, aplicado en algunos países de América Latina como una respuesta a la caída del sector exportador durante la crisis del capitalismo iniciada en 1929, basado en la sustitución de importaciones, para lo cual debía impulsarse la industria de transformación y el desarrollo del mercado interno. El nuevo modelo llamado de Crecimiento hacia Adentro, apoyado en los principios de la teoría Keynesiana, rescata para el Estado la capacidad de diseñar las estrategias que impulsarán el crecimiento económico, sin abandonar la economía de mercado. El modelo anteriormente mencionado estuvo vigente desde 1940 hasta 1982, pudiendo percibirse tres momentos en su implementación: de 1940 a 1958 la etapa conocida como Crecimiento con inflación, de 1958 a 1970 Desarrollo con estabilidad y de 1970 a 1982 la etapa de Crisis y agotamiento, que determinó su desaparición al iniciar el régimen de Miguel de la Madrid

Para lograr y mantener el ritmo de crecimiento sostenido en el período mencionado, influyeron distintos factores; primero la intervención del Estado como rector de la economía, la creación de condiciones favorables para el crecimiento de la producción interna, creadas por la segunda guerra mundial y la guerra de Corea y el proteccionismo estatal a las empresas nacionales que quedaron libres de toda competencia exterior. Analicemos brevemente estos factores. 

En los primeros años de la década de los treinta el mundo capitalista, que aún vive los efectos de la depresión económica iniciada en 1929, adopta una nueva política económica basada en la teoría keynesiana sobre el empleo, el interés y el dinero, que sirvió de fundamento a la intervención del Estado en asuntos económicos y sociales, actividades de las que antes estaba relegado.

En México esta coyuntura coincide con la llegada de Lázaro Cárdenas al poder, y nuestro país no puede sustraerse a esas nuevas condiciones de desarrollo, por lo tanto la política económica de Cárdenas implicó una redefinición del Estado ante la sociedad y se caracterizó por poner en práctica medidas para incrementar los niveles de empleo, acrecentar la demanda de bienes y servicios, estimular al sector privado a través de políticas proteccionistas, estímulos fiscales y apoyos financieros a través de la banca de desarrollo etc.. El estado benefactor, como materialización de este nuevo estilo en la política económica, fue un medio para atenuar las desigualdades sociales, cancelando sus manifestaciones más críticas, acercándose al ideal 
revolucionario tantas veces aclamado: la justicia social. Este hecho es evidente en el gobierno cardenista, bajo Manuel Ávila Camacho, López Mateos y menos notorio con Miguel Alemán, Ruiz Cortínez y Díaz Ordaz. 

La segunda guerra mundial creó condiciones favorables para el desarrollo de la industria de transformación en México, sobre todo de aquellos productos de consumo masivo, que para su producción no requerían de grandes inversiones ni tecnología avanzada. Históricamente el mercado mexicano dependió en buena medida de la producción industrial norteamericana, que se orientó hacia la producción bélica cuando ese país se vio involucrado directamente en el conflicto a partir de diciembre de 1941; desde ese momento se redujeron de manera sensible las importaciones de bienes de consumo masivo demandados por el mercado interno, al tiempo que aumentaba la demanda de materias primas producidas en México, incluyendo algunos productos manufacturados como textiles, alimentos procesados, bebidas, tabaco, y productos químicos, además de reanudar las importaciones de petróleo suspendidas desde la nacionalización de la industria petrolera en marzo de 1938, lo que permitió al país contar con las divisas necesarias para importar insumos necesarios para sus proyectos de industrialización. El período que comenzaba abundó en oportunidades con muy poco riesgo para el sector comercial y manufacturero para producir, tanto para el mercado mundial como para el doméstico, hambriento de artículos de todas clases, así como para proveer al gobierno en términos que casi invariablemente rendían grandes utilidades y ocasionaban pocas preocupaciones. Esta coyuntura favorable coincidió con el proyecto nacionalista de desarrollo, esbozado desde el régimen cardenista continuado ahora desde la perspectiva del desarrollo industrial por Manuel Ávila Camacho desde su toma de posesión en diciembre de 1940; se iniciaba de esta forma un proceso se sustitución de importaciones que habría de ser el eje de la industrialización del país.  


Este incipiente desarrollo industrial fue estimulado por el Estado, que de hecho ( no de derecho, puesto que la reforma constitucional del artículo 25 que otorga al Estado Mexicano la rectoría económica se estableció hasta el régimen de Miguel de la Madrid ) asume la rectoría económica apoyando al sector privado construyendo infraestructura, a través de medidas fiscales, medidas proteccionistas, control sobre los trabajadores y en términos generales reorientando el sentido de la administración pública para brindar confianza al sector empresarial.

El desarrollo industrial nacía en las condiciones anteriormente descritas, alcanzando varias ramas de la producción  manufacturera niveles importantes de crecimiento, entre ellas destacan: la industria del petróleo y derivados, productos de vidrio, madera, papel, cemento, minerales no metálicos, e industrias siderúrgicas así como textiles, productos químicos, alimentos y bebidas.

El crecimiento industrial en el período 1940 – 1970 mantuvo un ritmo de crecimiento sostenido, aunque basado en un mercado cautivo que le proporcionaba la política proteccionista diseñada por el Estado, situación que trajo como consecuencia el desarrollo de empresas sin competitividad con el exterior, que les impidió consolidarse a través de la exportación hacia mercados extranjeros; condición que impediría la creación de una verdadera industrialización moderna e independiente que contribuyera el desarrollo social del México posrevolucionario. 

[1] Dato tomado de René Villarreal, El desequilibrio externo en la industrialización de México, citado por Otto Granados Roldán en México 75 años de Revolución Pág. 34